Cómo leer este programa. Está escrito en tres capas. Puede quedarse en la primera o seguir hasta la última.
Capa 1 · Lo esencial. Una clave de escucha y una ficha por obra. Se lee en un par de minutos, antes de que empiece la música.
Capa 2 · Saber más. La historia de cada obra, contada para cualquier oyente. Se abre con el botón «Saber más».
Capa 3 · Estudio crítico. Fuentes, contexto, análisis formal y lectura teológica, con bibliografía verificable. Pensada para leer con calma, después del concierto.
Silencie el móvil y baje el brillo de la pantalla. Este programa no caduca: puede seguir leyéndolo cuando quiera.
Programa
I
Cantique de Jean Racine, op. 11 (versión orquestal, estrenada en 1906) Gabriel Fauré
II
Messe de Requiem, op. 48 (versión sinfónica de 1900): Introït et Kyrie · Offertoire · Sanctus · Pie Jesu · Agnus Dei · Libera me · In Paradisum Gabriel Fauré
Unos 45 minutos de música, sin descanso. Se aplaude al final.
Intérpretes y plantilla
Cristina Avilés, soprano, y Esteban Serrano, bajo, solistas. Coro mixto y orquesta. Las dos obras piden plantillas distintas. El Cantique, en la versión orquestal: dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, arpa y cuerda. El Requiem, en la versión sinfónica: dos flautas, dos clarinetes, dos fagotes, cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones, timbales, arpa, órgano y cuerda, con violín solista en el Sanctus.
El detalle que llama la atención es que el Requiem no lleva oboes y el Cantique sí: los dos oboes de la orquesta tocan la primera obra y callan durante el resto de la noche. En el Requiem, Fauré mantiene el peso del sonido en el centro de la cuerda, con violas y violonchelos divididos y el órgano por debajo; sobre ese fondo entra la sección de violines, que la versión de la Madeleine no tenía: allí solo sonaba el violín solista del Sanctus, añadido en 1893. Las trompas se oyen ya en el Hosanna del Sanctus, y el metal suena con todo su peso en el Libera me.
Nota del director
El título de esta noche es el primer verso de un himno latino de maitines: Consors paterni luminis, «partícipe de la luz del Padre». Jean Racine lo parafraseó en verso francés, y sobre esos versos escribió Fauré su Cantique, siendo todavía alumno de la escuela que Louis Niedermeyer había fundado en París para formar músicos de iglesia. Es la obra con la que empezamos.
Elegimos ese verso porque describe lo que va a pasar durante la hora siguiente. La noche empieza con una invocación a la luz y termina con los ángeles llevando un alma al paraíso. Entre una cosa y otra falta lo que en los grandes réquiems del siglo XIX ocupaba el centro: el juicio.
El Requiem de Fauré no tiene Dies irae. La secuencia del día de la ira, con su trompeta y su tribunal, no está. De la secuencia solo conserva sus dos últimos versos, que convierte en el Pie Jesu; el dies illa, dies irae que se oye en el Libera me pertenece a ese responsorio y no a ella. En su lugar Fauré pone un Pie Jesu para una sola voz, la oración más sencilla que escribió, y cierra con el In Paradisum, que pertenece al rito del entierro y se canta cuando el cuerpo sale de la iglesia.
A Fauré le reprocharon que su Requiem no expresara el miedo a la muerte, y alguien lo llamó «una nana de la muerte». Él respondió que así sentía la muerte: «como una liberación feliz, una aspiración a la felicidad del más allá, más que como un paso doloroso». Lo dijo en una conversación de 1902.
Las dos obras suenan con orquesta. El Cantique, en su versión orquestal, que es la última que recibió. El Requiem, en la versión sinfónica: la que se oyó por primera vez en Lille en abril de 1900, sonó aquel verano en el Trocadéro de París y Hamelle publicó al año siguiente. Es la forma en que el Requiem salió de la liturgia de la Madeleine y entró en las salas de concierto, con violines y maderas que el conjunto de la parroquia no tenía. De ninguna de las dos orquestaciones se conserva el manuscrito, y en el estudio crítico de este programa está contado lo que se sabe y lo que no.
Y está la fecha. Cantamos en la víspera de Todos los Santos. El In Paradisum pide que los ángeles conduzcan al difunto, que los mártires lo reciban a su llegada y que el coro de los ángeles lo acoja. Mañana la Iglesia celebra a esos mártires y a todos los santos. Les pedimos que no aplaudan entre los números del Requiem.
Las obras
Cantique de Jean Racine
Gabriel Fauré (1845–1924) · Op. 11 · 1864–1865 · re bemol mayor · en la versión con orquesta
Clave de escucha. Las voces no entran a la vez. Van apareciendo una detrás de otra, desde la más grave, y cada una trae un fragmento del texto. Fíjese en cómo el coro se va formando de abajo arriba, sobre un acompañamiento que no se detiene nunca.
Composición
París, 1864–1865, al terminar los estudios en la École Niedermeyer; obra premiada en el concurso de composición de la escuela
Primera audición
Rennes, iglesia de Saint-Sauveur, 4 de agosto de 1866, con armonio y quinteto de cuerda
Audición en París
Société nationale de musique, 15 de mayo de 1875, dirigida por César Franck
Versiones
Coro y órgano (1865); coro, armonio y quinteto de cuerda (1866); coro y orquesta, estrenada el 28 de enero de 1906
Esta noche
Versión orquestal: coro, maderas por parejas, dos trompas, arpa y cuerda
Texto
Jean Racine, paráfrasis en verso francés del himno latino Consors paterni luminis, publicada en 1688
Un trabajo de fin de estudios
Fauré escribió el Cantique entre 1864 y 1865, al terminar sus estudios en la École de musique classique et religieuse, la escuela fundada por Louis Niedermeyer para formar organistas y maestros de capilla. Con ella ganó el premio de composición; según Jean-Michel Nectoux, el jurado se apartó del reglamento para concedérselo. Se estrenó el 4 de agosto de 1866 en Saint-Sauveur de Rennes, donde Fauré era organista, con armonio y quinteto de cuerda.
Tres versiones
Se conservan tres formas de la obra: la original con órgano, la de 1866 con armonio y cuerda, y una versión con orquesta estrenada en la Société des concerts du Conservatoire el 28 de enero de 1906, dirigida por Georges Marty. De esta última no se conserva autógrafo, y Nectoux considera razonable, pero no documentada, la autoría de Fauré.
La que se canta esta noche
Interpretamos esa versión orquestal, la más tardía. Añade maderas por parejas y dos trompas a la cuerda y el arpa, y prescinde del órgano que sostenía las dos formas anteriores. Conviene saber, como en el caso del Requiem, que se trata de una orquestación que la obra recibió al final de su vida editorial y cuya mano no está documentada.
El texto
Verbe égal au Très-Haut es la paráfrasis que Racine publicó en 1688 en sus Hymnes traduites du Bréviaire romain. El original latino, Consors paterni luminis, se cantaba en los maitines del martes. Se atribuyó durante siglos a san Ambrosio, pero no aparece en los manuscritos ambrosianos y no puede dársele por suyo; también figura en un grupo de dieciséis himnos adjudicados a Gregorio Magno, sin que esa autoría pueda probarse. Es, por tanto, un himno anónimo de fecha incierta, con tres estrofas en dímetros yámbicos y una doxología final.
La escuela
La École Niedermeyer enseñaba canto llano, acompañamiento modal y polifonía del siglo XVI, materias que el Conservatorio de París apenas trataba. Niedermeyer y Joseph d'Ortigue publicaron en 1859 un tratado de acompañamiento del canto llano que resume esa enseñanza. De esa formación proceden rasgos reconocibles de su lenguaje armónico: cadencias modales y giros eclesiásticos dentro de un discurso tonal.
Messe de Requiem
Gabriel Fauré (1845–1924) · Op. 48 · 1887–1893 · re menor · versión sinfónica de 1900
Clave de escucha. Falta el Dies irae. En los réquiems de Berlioz y de Verdi la secuencia del juicio ocupa el centro y dura más que ningún otro número. De ella solo queda el dístico final, que Fauré convierte en el Pie Jesu. Escuche en su lugar dónde pone Fauré el peso de la obra: en el Pie Jesu, una sola voz en mitad del programa.
Composición
1887–1888 (cinco números); Libera me, 1877, incorporado hacia 1890–1891; Offertoire, 1889–1891
Estreno
París, La Madeleine, 16 de enero de 1888, en un funeral (versión en cinco números)
Versión completa
Siete números, con Offertoire y Libera me, presentada en enero de 1893
Versión sinfónica
Primera audición en Lille, 6 de abril de 1900; el 12 de julio de ese año se interpretó en el Trocadéro de París, durante la Exposición Universal. Publicada por Hamelle: canto y piano en 1900, partitura de orquesta en 1901
Esta noche
Versión sinfónica, según la partitura de orquesta publicada por Hamelle
Una obra escrita a plazos
El Requiem no se compuso de una vez. El Libera me existía desde 1877 como pieza independiente para barítono y órgano. El Introït et Kyrie, el Pie Jesu y el In Paradisum son de 1887; el manuscrito del Agnus Dei está fechado el 6 de enero de 1888 y el del Sanctus dos días después. El Offertoire llegó entre 1889 y 1891.
Un funeral en la Madeleine
La primera audición, con cinco números, fue el 16 de enero de 1888 en la Madeleine, dirigida por Fauré, en el funeral del arquitecto Joseph-Michel Le Soufaché, feligrés de la parroquia. No hubo encargo. Fauré era maestro de capilla de la Madeleine y escribió la obra por iniciativa propia.
La tentación biográfica
El padre de Fauré murió en 1885 y su madre el 31 de diciembre de 1887, pocos días antes de que fecharan los manuscritos del Agnus Dei y del Sanctus. Es tentador leer la obra como un duelo por ellos, pero la cronología no lo sostiene del todo: parte del material era anterior.
Tres formas de la misma obra
El Requiem existe en tres estados. El de 1888, con cinco números y una plantilla mínima, sin sección de violines ni maderas. El de 1893, con los siete números completos, que es la música que Fauré dirigía en la Madeleine. Y la versión sinfónica, publicada en 1900 y 1901, que añade violines, flautas y clarinetes y refuerza el metal. Esta noche se escucha la tercera, que es la forma con la que la obra entró en las salas de concierto y la única publicada hasta 1984. Del manuscrito de esa orquestación no queda rastro, ni en el archivo del editor ni en el del compositor, y Nectoux ha apuntado con cautela a Jean Roger-Ducasse como posible responsable. La discusión afecta al vestido orquestal; las voces, la armonía y la forma son las de Fauré.
Qué canta y qué omite
El Requiem no musica la misa entera. Deja fuera el gradual, el tracto, la secuencia Dies irae y la antífona de comunión, que en un funeral se cantaban en canto llano, y en cambio incorpora dos piezas que no pertenecen a la misa: el Libera me, responsorio de la absolución ante el túmulo, y el In Paradisum, antífona del rito de sepultura. Por eso la obra termina en el umbral del templo, cuando el cortejo sale hacia el cementerio, y no con el final de la misa.
Textos cantados
Se imprime el texto tal como se canta, que en el Requiem no coincide del todo con el de la misa de difuntos: Fauré suprime pasajes y conserva otros que no son de la misa. Las diferencias están explicadas en el estudio crítico. Traducciones de Clemente Mata Ruiz.
Tamaño
Cantique de Jean Racine
Verbe égal au Très-Haut, notre unique espérance,Verbo igual al Altísimo, nuestra única esperanza,
Jour éternel de la terre et des cieux,día eterno de la tierra y de los cielos,
De la paisible nuit nous rompons le silence:rompemos el silencio de la noche tranquila:
Divin Sauveur, jette sur nous les yeux!¡divino Salvador, vuelve a nosotros tus ojos!
Répands sur nous le feu de ta grâce puissante;Derrama sobre nosotros el fuego de tu gracia poderosa;
Que tout l'enfer fuie au son de ta voix;que el infierno entero huya al oír tu voz;
Dissipe le sommeil d'une âme languissantedisipa el sueño de un alma adormecida
Qui la conduit à l'oubli de tes lois!que la lleva a olvidar tus leyes.
Ô Christ! sois favorable à ce peuple fidèle,¡Oh Cristo!, sé favorable a este pueblo fiel,
Pour te bénir maintenant rassemblé;reunido ahora para bendecirte;
Reçois les chants qu'il offre à ta gloire immortelle,recibe los cantos que ofrece a tu gloria inmortal,
Et de tes dons qu'il retourne comblé!y que vuelva colmado de tus dones.
Messe de Requiem
1. Introït et Kyrie
Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Te decet hymnus, Deus, in Sion, et tibi reddetur votum in Ierusalem. Exaudi orationem meam, ad te omnis caro veniet. Kyrie eleison. Christe eleison. Kyrie eleison.Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua. A ti, oh Dios, se te debe el himno en Sión, y a ti se te cumplirán los votos en Jerusalén. Escucha mi oración: a ti vendrá toda carne. Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad.
2. Offertoire
O Domine Iesu Christe, Rex gloriae, libera animas defunctorum de poenis inferni et de profundo lacu. Libera eas de ore leonis, ne absorbeat eas tartarus, ne cadant in obscurum. Hostias et preces tibi, Domine, laudis offerimus. Tu suscipe pro animabus illis quarum hodie memoriam facimus. Fac eas, Domine, de morte transire ad vitam, quam olim Abrahae promisisti et semini eius. Amen.Oh Señor Jesucristo, Rey de la gloria, libra las almas de los difuntos de las penas del infierno y del lago profundo. Líbralas de la boca del león; que no las trague el abismo ni caigan en las tinieblas. Te ofrecemos, Señor, sacrificios y oraciones de alabanza. Recíbelos por las almas de quienes hoy hacemos memoria. Haz, Señor, que pasen de la muerte a la vida que un día prometiste a Abrahán y a su descendencia. Amén.
3. Sanctus
Sanctus, Sanctus, Sanctus, Dominus Deus Sabaoth. Pleni sunt caeli et terra gloria tua. Hosanna in excelsis.Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los ejércitos. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en las alturas.
4. Pie Jesu
Pie Iesu Domine, dona eis requiem, sempiternam requiem.Piadoso Señor Jesús, dales el descanso, el descanso eterno.
5. Agnus Dei
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona eis requiem. Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona eis requiem. Agnus Dei, qui tollis peccata mundi, dona eis requiem sempiternam.Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, dales el descanso. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, dales el descanso. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, dales el descanso eterno.
Lux aeterna luceat eis, Domine, cum sanctis tuis in aeternum, quia pius es. Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis.Que brille para ellos la luz eterna, Señor, con tus santos para siempre, porque eres compasivo. Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua.
6. Libera me
Libera me, Domine, de morte aeterna, in die illa tremenda, quando caeli movendi sunt et terra, dum veneris iudicare saeculum per ignem. Tremens factus sum ego et timeo, dum discussio venerit atque ventura ira. Dies illa, dies irae, calamitatis et miseriae, dies magna et amara valde. Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis.Líbrame, Señor, de la muerte eterna en aquel día terrible, cuando se muevan los cielos y la tierra y vengas a juzgar al mundo por el fuego. Estoy temblando y tengo miedo ante el juicio que llega y la ira que ha de venir. Aquel día, día de ira, de desgracia y de miseria, día grande y amarguísimo. Dales, Señor, el descanso eterno, y que brille para ellos la luz perpetua.
7. In Paradisum
In paradisum deducant te angeli; in tuo adventu suscipiant te martyres, et perducant te in civitatem sanctam Ierusalem. Chorus angelorum te suscipiat, et cum Lazaro quondam paupere aeternam habeas requiem.Que los ángeles te lleven al paraíso; que a tu llegada te reciban los mártires y te conduzcan a la ciudad santa, Jerusalén. Que el coro de los ángeles te reciba y que, con Lázaro, el que fue pobre, tengas el descanso eterno.
El Requiem no musica la misa de difuntos entera: deja fuera el gradual, el tracto, la secuencia Dies irae y la antífona de comunión, y añade dos piezas que no son de la misa, el responsorio Libera me, propio de la absolución ante el túmulo, y la antífona In Paradisum, del rito de sepultura. Dentro de los números que sí musica, el texto se aparta en tres puntos del litúrgico. En el Offertoire falta la frase sed signifer sanctus Michael repraesentet eas in lucem sanctam, en la que el arcángel Miguel conduce las almas a la luz santa. En el Sanctus no se canta el Benedictus. Y el Pie Jesu, que aquí es un número independiente, es el dístico con que se cierra la secuencia Dies irae, ampliado por Fauré con la palabra sempiternam, que toma del Agnus Dei. El dies illa, dies irae que suena dentro del Libera me no procede de la secuencia, sino del propio responsorio.
Capa 3 · Estudio crítico
Capa académica. Las afirmaciones se apoyan en fuentes primarias, ediciones críticas y estudios publicados, citados en notas (versión impresa) y en la bibliografía final. Donde la documentación no alcanza, el texto lo dice.
I. Fuentes, versiones y ediciones
Las dos obras de este programa llegaron hasta nosotros en varias versiones, y la elección entre ellas condiciona lo que se escucha. El caso del Requiem es el más complejo: su autor la fue ampliando entre 1887 y 1893 para la capilla de la Madeleine y después se publicó, en 1900, en una orquestación sinfónica cuya autoría no está documentada. Esa es la partitura que se interpreta esta noche, y por eso aquí el problema deja de ser erudito y pasa a afectar a lo que va a sonar.
Cantique de Jean Racine: tres formas
El prólogo de Nectoux a su edición crítica distingue tres formas: coro y órgano (1865); coro, armonio y quinteto de cuerda, con la que se estrenó en Rennes el 4 de agosto de 1866 y coro y orquesta, estrenada el 28 de enero de 1906 en la Société des concerts du Conservatoire, dirigida por Georges Marty. A la segunda forma corresponde además una audición parisina del 15 de mayo de 1875 en la Société nationale de musique, dirigida por César Franck, a quien la obra está dedicada. El catálogo de la Biblioteca Nacional de Francia registra las dos primeras y la tercera como obras distintas. De la versión orquestal no hay autógrafo, y su atribución a Fauré es razonable pero no está documentada.
La plantilla de esa versión orquestal, según la edición de Carus, es coro mixto, dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, arpa y cuerda. No lleva órgano, a diferencia de las dos formas anteriores, y sí lleva oboes, a diferencia del Requiem sinfónico que se escucha a continuación. Es la versión que se interpreta esta noche.
De las dos orquestaciones que suenan esta noche falta el manuscrito, pero los casos no son equivalentes y conviene no igualarlos. En el Cantique, Nectoux considera razonable suponer que la hiciera el propio Fauré. En el Requiem, en cambio, apunta con cautela a otra mano, la de Roger-Ducasse. Lo que ambas comparten es el estatuto del texto: se interpretan partituras difundidas con el nombre de Fauré cuya factura instrumental no puede verificarse documentalmente. Las voces, la armonía y la forma sí son suyas.
El Requiem: cronología de los manuscritos
Número
Fecha
Observaciones
Introït et Kyrie
1887
Primera versión de cinco números
Pie Jesu
1887
Número central; soprano solista
In Paradisum
1887
Antífona del rito de sepultura
Agnus Dei
6 de enero de 1888
Fecha del manuscrito
Sanctus
8 de enero de 1888
Fecha del manuscrito
Offertoire
1889–1891
El solo de barítono (Hostias), terminado en la primavera de 1889
Libera me
1877; incorporado hacia 1890–1891
Pieza anterior para barítono y órgano
Las fechas de los manuscritos proceden de la cronología establecida por Nectoux; el registro de la obra en la Biblioteca Nacional de Francia documenta las versiones y las ediciones. La obra tuvo, por tanto, tres estados: los cinco números de enero de 1888; los siete números de la versión de 1893, con el Offertoire y el Libera me y con trompas y trompetas añadidas; y la versión sinfónica de 1900, que es la que aquí se interpreta.
El catálogo de las obras de Fauré establecido por Nectoux registra las dos formas bajo el mismo número, con sufijo de versión: N 97a, version d'église, y N 97b, version de concert. Las trata, por tanto, como dos versiones de una misma obra, pese a que la diferencia de plantilla entre ellas sea considerable.
La versión de 1900 y el problema de su autoría
La versión sinfónica se oyó por primera vez en Lille el 6 de abril de 1900, y el 12 de julio de ese año sonó en el Trocadéro de París, dentro de la Exposición Universal, con una masa coral y orquestal mucho mayor; es esta segunda audición la que suele citarse como el estreno, y conviene no confundirlas. La publicó Julien Hamelle: la reducción para canto y piano en 1900, preparada por Jean Roger-Ducasse, y la partitura de orquesta en 1901. Nectoux ha propuesto, con cautela, a Roger-Ducasse como posible autor de la reorquestación, y advierte que no se conserva el manuscrito ni en el archivo del editor ni en el del compositor. Es una hipótesis, no un hecho probado, y quien interprete esta partitura debe saber que está tocando un texto cuya génesis material se desconoce. Lo que sí puede comprobarse es lo que hace: añade violines, flautas y clarinetes, refuerza el metal y extiende a toda la obra una escritura orquestal que en 1893 estaba concentrada en el centro de la cuerda.
Conviene precisar qué no cambia. Las voces, la armonía, la forma y los tempi son los mismos. La discusión afecta a la orquestación, no al texto musical que canta el coro. Fauré autorizó la publicación y nunca desautorizó esta forma de la obra, que se difundió en vida suya y con su nombre. Es lo que puede afirmarse: no consta que dirigiera él las audiciones de 1900, y no se conserva prueba de su mano en la orquestación.
Las ediciones
Edición
Año
Qué ofrece
Hamelle
1900–1901
Versión sinfónica: reducción de canto y piano en 1900, partitura de orquesta en 1901. La que se interpreta esta noche
John Rutter (Oxford University Press)
1984–1985
Reconstrucción de la versión de cámara a partir de los materiales manuscritos
Jean-Michel Nectoux y Roger Delage (Hamelle)
1994
Edición crítica de la versión de 1893, con tiple solista y coro de niños y hombres
Las dos ediciones modernas devolvieron al repertorio la versión de cámara, que durante casi un siglo no estuvo disponible. La de Nectoux y Delage reconstruye además la plantilla vocal de la Madeleine, con voces de niño en las partes agudas y un tiple en el Pie Jesu. Este concierto no las utiliza: interpreta la versión de 1900 con coro mixto y soprano solista, que es la solución posible cuando no se dispone de escolanía.
Por qué esta versión
La razón principal es de destino. La versión de 1893 es música de culto: está escrita para acompañar un funeral en una parroquia concreta, con los músicos que había en aquella tribuna. La de 1900 es la forma en que la obra dejó de ser un oficio y pasó a ser repertorio de concierto, que es exactamente lo que ocurre esta noche en la Compañía. Interpretarla así responde a la clase de acto que estamos celebrando.
A ello se añade una razón práctica: la agrupación estable de la Catedral es una orquesta, y esta partitura está escrita para ella. Y una consecuencia acústica que hay que trabajar. Las bóvedas de la nave alargan el sonido y lo mezclan, de modo que el refuerzo orquestal puede cubrir las voces interiores del coro, que es donde Fauré pone la sustancia armónica. El equilibrio se resuelve reduciendo la cuerda aguda en los números homofónicos y reservando el peso pleno para el Libera me.
Al ganar los violines y las maderas se pierde el color oscuro y sin brillo de la versión de la Madeleine, que es lo que primero se echa en falta a quien conoce las grabaciones de la versión de cámara. La pérdida es real y queda dicha.
II. Contexto: una escuela, una parroquia y un siglo
La École Niedermeyer
Fauré entró en 1854, con nueve años, en la escuela que Louis Niedermeyer había fundado para formar músicos de iglesia. El plan de estudios incluía canto llano, modalidad, polifonía antigua y órgano. El tratado de acompañamiento del canto llano de Niedermeyer y d'Ortigue resume su doctrina: armonizar el canto gregoriano respetando los modos, sin forzarlo a la tonalidad mayor y menor. Katharine Ellis ha estudiado cómo esa recuperación del pasado musical formó parte de un movimiento más amplio en la Francia del siglo XIX. En Fauré dejó huella duradera, sobre todo en el tratamiento de las cadencias y en los giros modales dentro de un lenguaje tonal.
La Madeleine
Fauré fue maestro de capilla de la Madeleine desde 1877 y organista titular desde 1896. El Requiem nace de ese oficio: una parroquia rica de París, con funerales frecuentes y un conjunto estable de cantores e instrumentistas. La plantilla de la versión de 1893 describe lo que había en esa tribuna. Conviene entender bien en qué consiste la omisión del Dies irae: la obra no es un ciclo completo de la misa de difuntos, porque deja fuera también el gradual, el tracto y la comunión, y añade dos piezas que no pertenecen a la misa. Lo que Fauré escribió son los números polifónicos de un funeral cuyo resto se cantaba en canto llano. La versión sinfónica que se escucha esta noche conserva esas decisiones y cambia el marco sonoro.
El siglo del Dies irae
Para medir lo que hace Fauré hay que mirar a los demás. El Requiem de Berlioz (1837) y el de Verdi (1874) convierten la secuencia en el centro dramático de la obra, con grandes masas corales y orquestales. El juicio final era el asunto y el terror, el recurso. Frente a ellos, el de Fauré prescinde del tribunal. Conviene no precipitarse al interpretar esa renuncia. Fauré no estaba escribiendo una misa de difuntos completa: su obra musica siete números y deja en canto llano el resto del oficio, de modo que la ausencia de la secuencia es, en primer lugar, un hecho de reparto entre polifonía y canto llano. Que además eligiera prescindir de ella teniendo delante el modelo de Berlioz y de Verdi es lo que reclama explicación, y Caballero ha estudiado con detalle qué puede y qué no puede deducirse de esta obra sobre las convicciones de su autor.
La fe de Fauré
La posición religiosa personal de Fauré se ha discutido mucho, y Carlo Caballero le dedica un capítulo entero de su estudio sobre la estética del compositor. Lo que puede comprobarse es que dedicó buena parte de su vida profesional a la música de iglesia, conocía la liturgia por dentro y eligió con cuidado qué textos ponía en música. En 1902 describió la muerte como «una liberación feliz, una aspiración a la felicidad del más allá». La frase es tardía, catorce años posterior a la obra, y conviene manejarla como lo que es: una declaración del compositor maduro sobre su modo de sentir la muerte, no una explicación de lo que escribió en 1888.
III. Análisis formal y cuestiones de interpretación
El análisis que sigue describe la organización formal y tonal de las obras a partir de la edición crítica y de la bibliografía citada. La numeración de compases, cuando se necesite para el trabajo de ensayo, debe tomarse de la edición que utiliza el coro.
Cantique de Jean Racine
La obra está en re bemol mayor. Una introducción instrumental presenta los materiales que la sostendrán hasta el final: una melodía tranquila en el registro medio, un bajo de movimiento lento y una figuración interior continua, confiada en la versión orquestal a la cuerda y al arpa, que da la sensación de movimiento aunque las voces se detengan. Las voces entran de forma escalonada, de la más grave a la más aguda, y después se agrupan en bloques homofónicos. El texto de Racine, en tres estrofas, se distribuye en dos grandes secciones separadas por un breve interludio, y la última estrofa vuelve al material del comienzo. La escritura coral anuncia ya la del Requiem: predomina la homofonía con una voz destacada, y el contrapunto, cuando aparece, se limita a entradas imitativas breves como las del comienzo.
Requiem: arquitectura tonal
Número
Tonalidad
Fuerzas vocales
Rasgo principal
1. Introït et Kyrie
Re menor
Coro
Comienzo en bloque; el tenor presenta el Te decet hymnus
2. Offertoire
Si menor
Coro y barítono
Canon a dos voces al comienzo; Hostias para barítono solo
3. Sanctus
Mi bemol mayor
Coro
Violín solo en el registro agudo sobre arpegios del arpa
4. Pie Jesu
Si bemol mayor
Soprano sola
Número central; acompañamiento mínimo
5. Agnus Dei
Fa mayor
Coro
Incluye la antífona de comunión Lux aeterna; retorno final del material del Introït
6. Libera me
Re menor
Barítono y coro
Único pasaje de volumen fuerte; entra el metal y aparece el dies illa, dies irae
7. In Paradisum
Re mayor
Coro
Arpegios continuos del órgano; sopranos en el registro agudo
La obra empieza en re menor y termina en re mayor. El cambio de modo se produce sobre la misma nota fundamental, sin modulación dramática de por medio. El Pie Jesu ocupa el centro exacto, el cuarto de siete números, y es el único para voz sola. Byron Adams ha analizado cómo la obra organiza su recorrido en torno a la imagen de la luz, del lux perpetua del comienzo al lux aeterna del quinto número.
El Dies irae ausente
Sin secuencia, la obra pierde el bloque que en Berlioz o Verdi organiza toda la arquitectura. Fauré compensa por simetría: dos números de coro en los extremos, el Pie Jesu en el eje y el Libera me como único momento de tensión antes del final. Las palabras dies illa, dies irae que se oyen en el Libera me pertenecen al texto de ese responsorio, que las comparte con la secuencia sin proceder de ella.
Decir que la secuencia falta por completo sería inexacto. Los dos versos del Pie Jesu son los que cierran el Dies irae: Pie Iesu Domine, dona eis requiem. Fauré prescinde de casi toda la secuencia y conserva la súplica con la que termina, la frase con la que la secuencia se cierra. Esa frase es la que coloca en el centro de la obra y la que confía a una voz sola. La supresión, entonces, consiste en elegir qué parte de la secuencia importa.
El texto que se canta
El cotejo con la misa de difuntos revela otras dos diferencias. En el ofertorio falta sed signifer sanctus Michael repraesentet eas in lucem sanctam, de modo que desaparece el arcángel que, como portaestandarte, conduce las almas a la luz santa, y el texto pasa de la petición de ser librado a la ofrenda de los hostias et preces. Y en el Sanctus no se canta el Benedictus, de modo que el número termina en el Hosanna y no vuelve a abrirse. Las tres omisiones apuntan en la misma dirección: suprimen el tribunal, el acompañante que conduce al difunto hasta la luz y la aclamación de bienvenida, y dejan en pie la petición de descanso.
In Paradisum
El séptimo número pertenece al rito de sepultura, no a la misa, y se cantaba mientras el cuerpo salía del templo. Incluirlo cambia el final de la obra, que se cierra con el traslado. Fauré lo escribe como una línea sostenida del coro, con las sopranos en primer plano, sobre un acompañamiento ondulante que no se interrumpe en todo el número.
Decisiones de interpretación
Cuestión
Decisión
Fundamento
Versión del Cantique
Orquestal, la estrenada en 1906
Es la forma con orquesta de la obra y permite que el concierto empiece y termine con el mismo conjunto
Versión del Requiem
Sinfónica de 1900 (Hamelle)
Es la forma de concierto de la obra, publicada en vida del compositor y nunca desautorizada por él
Solista del Pie Jesu
Soprano
La edición de Nectoux y Delage prevé un tiple; con coro mixto se opta por soprano
Tamaño del coro
Reducido, con voces interiores audibles
La escritura es homofónica y las voces centrales llevan la armonía
Vibrato
Contenido
Los pasajes modales pierden definición con un vibrato ancho
Órgano
Presente en todos los números del Requiem; el Cantique no lo lleva
En el Requiem es el fundamento de la plantilla
Tempi
Sin arrastrar
La serenidad de la escritura invita a alargar los tempi más de lo que indica la partitura
La iglesia de la Compañía tiene planta de cruz latina y una sola nave, cubierta con bóvedas vaídas separadas por arcos fajones; sobre el crucero se levanta una cúpula casetonada con linterna, y los brazos del crucero y la capilla mayor llevan bóveda de cañón. Esas superficies alargan el sonido y favorecen la mezcla, pero pueden restar claridad a las voces interiores. Con una orquesta sinfónica delante, el riesgo se multiplica: el refuerzo de violines y maderas que la versión de 1900 añade cae justo sobre el registro en el que cantan las voces interiores del coro. Conviene equilibrar hacia esas voces, moderar la cuerda aguda en los números homofónicos y articular con más cuidado las consonantes finales. Se ajusta en el ensayo general.
IV. Lectura teológica
El programa une dos textos separados por veintidós años y por un mismo asunto, la luz. El primero la pide en la vigilia de la noche y el segundo la promete al final del camino; entre uno y otro, Fauré deja fuera el juicio.
Consors paterni luminis: la luz del Hijo
El himno pertenece a los maitines, la hora que se reza antes del amanecer. Su primer verso es una fórmula cristológica: llama al Hijo partícipe de la luz del Padre, en la línea del prólogo de Juan y del lumen de lumine del Credo niceno. La afirmación trinitaria llega al final, en la doxología. El texto tiene tres momentos: la invocación al Verbo como esperanza y como día eterno, la petición de que el fuego de la gracia despierte al alma dormida y la ofrenda final, en la que el pueblo reunido presenta sus cantos. En ese tercer momento habla la asamblea reunida, que pide y ofrece como un solo cuerpo, y lo que ofrece es el canto mismo.
Un réquiem sin juicio
La secuencia Dies irae, atribuida a Tomás de Celano, pone en verso la escatología medieval del juicio final: la trompeta que convoca a los sepulcros, el trono, el libro y la separación de justos y condenados. Al dejarla fuera, Fauré desplaza el acento de la comparecencia a la acogida. Las palabras que más se repiten son de descanso y de acogida: requiem, lux, dona eis, suscipiat. El juicio no desaparece del todo. El Libera me pide ser librado de la muerte eterna en el día terrible, y su propio texto nombra el dies illa, dies irae. Pero ese día ya no es el centro de la obra.
El Pie Jesu en el centro
Que el Pie Jesu sea el final de la secuencia tiene una consecuencia teológica que va más allá del corte. En la liturgia, esos dos versos llegan al final de toda la secuencia, cuando el texto ya ha descrito el juicio entero, y son una intercesión en tercera persona: no habla el difunto, habla quien reza por él. Fauré los saca de ahí y los pone en el centro, sin nada delante. La súplica deja de llegar después del miedo y pasa a ser el punto de partida. La formula además una sola voz, que en la Madeleine era la de un niño, y el coro calla mientras dura.
In Paradisum y la comunión de los santos
La antífona final pide que los ángeles conduzcan al difunto, que los mártires lo reciban y que el coro de los ángeles lo acoja. Es un texto sobre la comunión de los santos: nadie llega solo, hay una asamblea que espera. Por eso la fecha de este concierto importa. Cantamos en la víspera de Todos los Santos, y la antífona nombra a los mártires que la Iglesia celebra al día siguiente, junto a todos los santos. La solemnidad del 1 de noviembre no es la fiesta de los ángeles, que tienen la suya el 29 de septiembre y el 2 de octubre; lo que celebra es la asamblea de los que ya han llegado, que es exactamente la que el texto pone a esperar al difunto.
Lo que se gana al quitar
Las tres supresiones del texto, la secuencia, el arcángel del ofertorio y el Benedictus, podrían leerse como un empobrecimiento. Vistas juntas tienen otro efecto. Lo que queda tras ellas es una petición dirigida a Cristo y una acogida que el texto no condiciona a nada. Al difunto de esta obra no se le hace comparecer ante un tribunal; lo recibe una asamblea que lo espera. Ahí está la diferencia con el modelo dramático del siglo XIX, y está en la elección de las palabras antes que en la música.
La belleza y la luz
Hans Urs von Balthasar entendió la belleza como la forma en que lo divino se hace perceptible. El programa de esta noche va de la luz pedida a la luz prometida. Consors paterni luminis pide que la luz del Padre despierte al alma dormida; el In Paradisum pide que esa alma sea recibida en la luz eterna. La noche empieza en re bemol mayor y termina en re mayor, y en su centro hay una sola voz pidiendo descanso por los difuntos.
Accesibilidad
Qué va a pasar
El concierto dura unos 45 minutos, sin descanso. Las luces de la nave permanecen encendidas a media intensidad. No hay efectos sonoros ni cambios bruscos de iluminación.
Primero se canta una pieza corta, de unos cinco minutos, en francés. Después, una obra de unos 38 minutos en latín, dividida en siete partes.
La música es tranquila casi todo el tiempo. Hay dos momentos de volumen fuerte. Uno, breve, en la tercera parte, el Sanctus, cuando entran las trompas. El otro, más largo, en la sexta parte, el Libera me, que empieza con una voz grave sola y después incorpora al coro entero, con los metales y los timbales. En la cuarta parte, el Pie Jesu, canta una sola persona con muy poco acompañamiento: es el momento más silencioso.
Hay una zona de baja estimulación reservada; el personal de sala puede acompañarle hasta ella y enseñarle la salida más cercana. Se aplaude al final. Puede salir en cualquier momento.
El concierto en lectura fácil
Esta noche escucharás música de Gabriel Fauré.
Gabriel Fauré fue un músico francés. Nació en el año 1845 y murió en el año 1924.
Fauré trabajaba en una iglesia de París. Tocaba el órgano y dirigía el coro.
Tocan una orquesta y un coro. El concierto dura menos de una hora. No hay descanso.
La primera canción se llama Cantique de Jean Racine. Dura 5 minutos. Se canta en francés. Pide a Dios luz por la noche.
Fauré la escribió cuando era estudiante de música.
La segunda obra se llama Requiem. Dura unos 38 minutos. Se canta en latín. Tiene 7 partes.
Un requiem es una música para recordar a las personas que han muerto.
Muchos requiems hablan del miedo a morir. El de Fauré no. Fauré dijo que para él morir era descansar en paz.
Por eso esta música es tranquila y suave casi todo el tiempo.
La última parte se llama In Paradisum. Habla de unos ángeles que llevan a una persona al cielo.
La gente escucha en silencio. Se aplaude al final.
Hay dos momentos con más volumen: uno corto en la tercera parte y otro más largo en la sexta. Si el ruido te molesta, puedes ponerte tapones.
Si te agobias, puedes salir. No pasa nada.
Hay un sitio tranquilo para descansar. Pregunta a una persona de la sala.
Audiodescripción del espacio
Escuchar la audiodescripción
Texto de la pista de audio, para quien prefiera leerlo.
0:00Está usted en la iglesia de la Compañía, en Córdoba. La levantaron los jesuitas en el siglo XVI, dentro del antiguo Colegio de Santa Catalina, y su traza se atribuye a Hernán Ruiz II. Hoy es la parroquia del Salvador y Santo Domingo de Silos.
0:15La iglesia tiene forma de cruz, con una sola nave. Usted está sentado en ella, mirando hacia el altar. El techo son bóvedas de piedra, poco profundas y casi cuadradas, separadas unas de otras por arcos que cruzan de lado a lado.
0:29Más adelante, donde se cruzan la nave y los brazos cortos de la cruz, se levanta una cúpula decorada con casetones y rematada por una linterna que deja entrar la luz. Al fondo está el retablo mayor, de madera dorada, obra de Teodosio Sánchez de Rueda fechada en 1721, con esculturas de santos; mide diecisiete metros de alto.
0:50A los pies de la iglesia, detrás de usted, hay un coro alto, una tribuna elevada.
0:55Delante del altar se han colocado los músicos. En las primeras filas está la cuerda, en semicírculo: los violines a la izquierda, las violas en el centro y, a la derecha, los violonchelos y los contrabajos. Detrás se sientan las maderas y, al fondo, las trompas, las trompetas, los trombones y los timbales.
1:15Junto a la cuerda verá un arpa: un instrumento alto, de forma triangular, con las cuerdas en vertical. También hay un órgano, que sostiene toda la segunda obra desde abajo.
1:25Detrás, de pie, el coro, vestido de negro. Delante del coro se sitúan los dos solistas: una soprano y un barítono.
1:34El director se coloca delante de todos, de espaldas a usted. Cuando levante los brazos, empezará la música.
1:42Podrá reconocer algunos momentos por el sonido. La primera obra, en francés, es la única en la que tocan los oboes; después callan. Cuando oiga un violín solo, muy agudo, por encima del coro, es el Sanctus. Cuando oiga una voz de mujer sola, casi sin acompañamiento, es el Pie Jesu.
2:01Más adelante oirá una voz grave de hombre, sola, que después arrastra al coro entero, con los metales y los timbales. Es el pasaje más fuerte de la noche: el Libera me.
2:12Si necesita salir durante el concierto, la salida está a sus espaldas, al fondo de la nave, por donde ha entrado. Puede hacerlo en cualquier momento y el personal de sala le acompañará.
2:23El concierto termina con un número luminoso, con el coro en registro agudo sobre un acompañamiento ondulante que no se detiene en ningún momento. Es el In Paradisum. Cuando el director baje los brazos y se gire, podrá aplaudir.
Declaración de accesibilidad
Este programa se ha preparado siguiendo las pautas WCAG 2.2, nivel AA, y la norma UNE-EN 301 549.
En este concierto se ofrece: navegación accesible con lector de pantalla y teclado, audiodescripción del espacio, versión en lectura fácil, textos cantados con traducción en alto contraste y tipografía ampliable, guía de anticipación y zona de baja estimulación.
El programa irá creciendo concierto a concierto, y cada novedad se anunciará cuando esté disponible y probada.
Fuentes y bibliografía
Chicago Manual of Style, 17.ª edición, sistema de notas y bibliografía. Se citan fuentes primarias, ediciones musicales, obras de referencia académicas, publicaciones oficiales y estudios publicados. En un punto concreto, la primera audición de la versión sinfónica, la documentación disponible para este programa procede de notas de edición discográfica y de programa; la nota correspondiente lo advierte.
Fuentes primarias y documentos
Bibliothèque nationale de France. «Cantique de Jean Racine. Op. 11», registros de obra. data.bnf.fr. https://data.bnf.fr/13991474/ y https://data.bnf.fr/13912005/.
———. «Requiem. Op. 48», registro de obra. data.bnf.fr. https://data.bnf.fr/13912052/.
España. Decreto 5/2001, de 9 de enero, por el que se declara Bien de Interés Cultural, con la categoría de Monumento, la Iglesia de San Salvador y Santo Domingo de Silos y Colegio de Santa Catalina, en Córdoba. Boletín Oficial del Estado, n.º 61, 12 de marzo de 2001, 9041–9045. https://www.boe.es/diario_boe/txt.php?id=BOE-A-2001-4830.
Liber usualis missae et officii pro dominicis et festis. Edición de los monjes de Solesmes. Tournai: Desclée, 1961.
Niedermeyer, Louis, y Joseph d'Ortigue. Traité théorique et pratique de l'accompagnement du plain-chant. París: E. Repos, 1859.
Racine, Jean. Œuvres complètes. Vol. 1, Théâtre – Poésie. Editado por Georges Forestier. Bibliothèque de la Pléiade. París: Gallimard, 1999.
Walpole, A. S., ed. Early Latin Hymns. Cambridge: Cambridge University Press, 1922.
Ediciones musicales
Fauré, Gabriel. Cantique de Jean Racine op. 11. Editado por Jean-Michel Nectoux. Stuttgart: Carus, 2005.
———. Cantique de Jean Racine op. 11. Versión con orquesta. Partitura, Carus 70.303/00. Stuttgart: Carus, s. f. [Versión interpretada en este concierto.]
———. Messe de Requiem op. 48. Reducción para canto y piano de Jean Roger-Ducasse. París: J. Hamelle, 1900.
———. Messe de Requiem op. 48. Partitura de orquesta. París: J. Hamelle, [1901]. Plancha J. 4650 H. [Versión interpretada en este concierto.]
———. Requiem (versión de 1893). Editado por John Rutter. Oxford: Oxford University Press, 1984.
———. Requiem op. 48. Partitura de estudio editada por Roger Fiske y Paul Inwood a partir de la edición Hamelle. Edition Eulenburg 1096. Londres: Ernst Eulenburg, 1978.
———. Requiem op. 48, pour soli, chœur et orchestre de chambre, version 1893. Editado por Jean-Michel Nectoux y Roger Delage. París: J. Hamelle, 1994.
Obras de referencia
Beyenka, M. M. «Consors paterni luminis». En New Catholic Encyclopedia, 2.ª ed. Detroit: Gale, 2003.
«Cantique de Jean Racine op. 11 (Gabriel Fauré)». Bruzane Mediabase. Palazzetto Bru Zane – Centre de musique romantique française. https://www.bruzanemediabase.com/en/exploration/works/cantique-jean-racine-op-11-gabriel-faure.
Nectoux, Jean-Michel. Gabriel Fauré: Catalogue des œuvres. Gabriel Fauré, Œuvres complètes, serie VII/1. Kassel: Bärenreiter, 2018.
Estudios
Adams, Byron. «Lux aeterna: Fauré's Messe de Requiem, Op. 48». En Fauré Studies, editado por Carlo Caballero y Stephen Rumph, 113–133. Cambridge: Cambridge University Press, 2021. https://doi.org/10.1017/9781108692267.006.
Caballero, Carlo. Fauré and French Musical Aesthetics. Music in the Twentieth Century 13. Cambridge: Cambridge University Press, 2001.
Ellis, Katharine. Interpreting the Musical Past: Early Music in Nineteenth-Century France. Oxford: Oxford University Press, 2005.
Nectoux, Jean-Michel. Gabriel Fauré: A Musical Life. Traducido por Roger Nichols. Cambridge: Cambridge University Press, 1991.
Orledge, Robert. Gabriel Fauré. Londres: Eulenburg Books, 1979.
Teología
Balthasar, Hans Urs von. Gloria: Una estética teológica. Vol. 1, La percepción de la forma. Madrid: Encuentro, 1985.